La
amistad es uno de los sentimientos más valiosos e importantes, los amigos son
las personas que caminan contigo de la mano, del brazo, de la pierna y en casos
extremos hasta del pelo. Son seres que van y vienen en tu vida, te hacen la
vida más alegre, más simple, ellos guardan tus secretos y se burlan de ti sin
remordimientos pero al final siempre estarán contigo a tu lado batallando, con
espada y escudo, los problemas más difíciles.
Hay
distintos tipos de amigos, amigos de rumba, amigos de viaje, amigos virtuales,
amigos sexuales, amigos todo terreno, mejores amigos. Y están los amigos de
infancia.
Los
amigos de infancia son esos personajes que aparecen en la película de tu
vida cuando aún te cambiaban pañales. Esos amigos que conociste
seguramente en el jardín, en el colegio o en el barrio. Seguramente con
alguno de ellos compartiste tu primer beso, ese que diste por probar pero que
al final lo sentiste tan asqueroso y baboso que decidiste que eso de los besos,
que mostraban tan románticos en la televisión y el cine, no eran lo tuyo.
Este tipo de amigos justo aparecen cuando más los necesitas, se pueden vestir de guías, de mentores, de santos y de diablos pero siempre podrás llamarlos hermanos, y aunque pueden desaparecer días, meses o incluso años, cuando los vuelves a encontrar las cosas pasan como si se hubieran despedido la noche anterior. Los amigos de infancia tienen esa particularidad de conocer tus cambios, de ver quien fuiste, quien eres y de predecir en quien te convertirás. Esta amistad está generalmente basada en un cariño inmenso a prueba de agua, fuego y sobre todo tiempo.
Este tipo de amigos justo aparecen cuando más los necesitas, se pueden vestir de guías, de mentores, de santos y de diablos pero siempre podrás llamarlos hermanos, y aunque pueden desaparecer días, meses o incluso años, cuando los vuelves a encontrar las cosas pasan como si se hubieran despedido la noche anterior. Los amigos de infancia tienen esa particularidad de conocer tus cambios, de ver quien fuiste, quien eres y de predecir en quien te convertirás. Esta amistad está generalmente basada en un cariño inmenso a prueba de agua, fuego y sobre todo tiempo.
Mis amigos de infancia son pocos, parecen como
familia y con el transcurrir de los años se aceptan y se toleran los
desacuerdos y las diferencias tanto superficiales como cruciales. Pero a
veces hay diferencias que marcan y discursos que lastiman y más si vienen de
aquellas personas que al parecer te conocen y quieren sin condiciones.
Tengo un amigo godo, si, es un amigo de infancia
además, he aprendido la buena habilidad de ignorar sus comentarios
chocantes. Además de godo tiene sus toques machistas, pero excusándome en
sus sutilezas también los he pasado por alto. Pero cuando te tragas
hasta la lengua para evitar conflictos, llega un punto en el que
simplemente ya no aguantas más y vomitas. Y eso me pasó con mi amigo.
Yo soy una persona que generalmente evade los
conflictos, me considero tranquila y conciliadora y a veces hasta caigo en el
defecto horrible de pasar de doblegada. Por lo general me callo las cosas,
algunas veces por evitar confrontaciones pero la mayoría de veces porque
tristemente la inseguridad no me deja gritarlas.
Mi amigo, ha crecido en una familia de
hombres, cuatro hermanos, todos profesionales exitosos, el apoyo de unos a
otros es a veces opacado por el grado de competencia que genera su padre en
ellos, siempre uno es el favorito y otro es el despreciado. Esto ha generado en
mi amigo un instinto de supervivencia, que hace que ataque incluso aquellos que
no lo vemos como competencia. El punto es que es mi amigo pero es
un sobrado, siempre está en lo correcto y su mecanismo más irritante para
sobresalir, es burlar a los demás, burlarme a mí.
Por algún miedo interior, miedo de desaprobación,
nunca le he dicho a mi amigo sobre mi diversidad sexual, él no tiene idea de
que he mantenido relaciones con chicas y ni se lo imagina, su godismo no le
deja pensar que su amiga – princesa, pueda compartir la cama con otra mujer.
Hace pocos días, estuvimos reunidos, en
un momento de disertación surge la siguiente conversación:
Amelita:
Yo creo que Uruguay debe ser un buen vividero. La marihuana es legal y lo es también
el matrimonio homosexual
Amigo:
¿Pero a nosotros que nos importa el matrimonio homosexual? A nosotros no nos
importa eso, no debería ser un factor relevante para preferir vivir en otro
país.
Amelita:
(silencio y decepción)
Algo que no soporto es el importaculismo, creo que
de lo peor que le puede pasar a la democracia son los abstencionistas, y que mi
amigo al que adoro con todo, me diga que a nosotros no nos importan los
derechos de otras personas simplemente porque no compartimos su diversidad o
sus gustos, me jode hasta la médula. ¿Acaso estamos solos en el mundo y solo
nos deberíamos preocupar por nosotros mismos?, ¿Acaso por el hecho de ser
una minoría debemos batallar solos?, ¿Qué pasa con esas luchas legitimas de
esas comunidades segregadas entonces?.
¿Porque no soy negra no me deben importar los
negros?,¿Porque no soy prostituta no me deben importar sus derechos? ¿Por qué
no soy homosexual no debo pelear por un mundo donde prime la igualdad y la
tolerancia? Si el mundo se comporta de esta forma entonces me considero negra,
prostituta y homosexual.
Amigo te quiero, pero esta vez me has herido,
tal vez sin saberlo y seguramente sin quererlo, pero creo que es hora de
que me levante y te estruje y te diga que no estás solo en este mundo, la
sociedad la conforman y la enriquecen personas diferentes a ti que no son lo
que tú eres pero que eso las hace igual de hermosas. Si estás leyendo esto espero
que aceptes que la vida no es solo tuya que hay seres a tu alrededor
con particularidades, encantadoramente valiosos que aunque no compartan
tus visiones, creencias o rasgos seguramente te aceptan y te quieren a ti
tal como eres.
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