lunes, 24 de febrero de 2014

Mi amigo el godo y yo.

La amistad es uno de los sentimientos más valiosos e importantes, los amigos son las personas que caminan contigo de la mano, del brazo, de la pierna y en casos extremos hasta del pelo. Son seres que van y vienen en tu vida, te hacen la vida más alegre, más simple, ellos guardan tus secretos y se burlan de ti sin remordimientos pero al final siempre estarán contigo a tu lado batallando, con espada y escudo, los problemas más difíciles.
Hay distintos tipos de amigos, amigos de rumba, amigos de viaje, amigos virtuales, amigos sexuales, amigos todo terreno, mejores amigos. Y están los amigos de infancia.
Los amigos de infancia son esos personajes que aparecen en la película de tu vida cuando aún te cambiaban pañales. Esos amigos que conociste seguramente en el jardín, en el colegio o en el barrio. Seguramente con alguno de ellos compartiste tu primer beso, ese que diste por probar pero que al final lo sentiste tan asqueroso y baboso que decidiste que eso de los besos, que mostraban tan románticos en la televisión y el cine, no eran lo tuyo.

Este tipo de amigos justo aparecen cuando más los necesitas, se pueden vestir de guías, de mentores, de santos y de diablos pero siempre podrás llamarlos hermanos, y aunque pueden desaparecer días, meses o incluso años, cuando los vuelves a encontrar las cosas pasan como si se hubieran despedido la noche anterior. Los amigos de infancia tienen esa particularidad de conocer tus cambios, de ver quien fuiste, quien eres y de predecir en quien te convertirás. Esta amistad está generalmente basada en un cariño inmenso a prueba de agua, fuego y sobre todo tiempo.
Mis amigos de infancia son pocos, parecen como familia y con el transcurrir de los años se aceptan y se toleran los desacuerdos y las diferencias tanto superficiales como cruciales.  Pero a veces hay diferencias que marcan y discursos que lastiman y más si vienen de aquellas personas que al parecer te conocen y quieren sin condiciones.

Tengo un amigo godo, si, es un amigo de infancia además, he aprendido la buena habilidad de ignorar sus comentarios chocantes. Además de godo tiene sus toques machistas, pero excusándome en  sus sutilezas también los he pasado por alto. Pero  cuando te tragas hasta la  lengua para evitar conflictos, llega un punto en el que simplemente ya no aguantas más y vomitas. Y eso me pasó con mi amigo.

Yo soy una persona que generalmente evade los conflictos, me considero tranquila y conciliadora y a veces hasta caigo en el defecto horrible de pasar de doblegada. Por lo general me callo las cosas, algunas veces por evitar confrontaciones pero la mayoría de veces porque tristemente la inseguridad no me deja gritarlas.

Mi amigo, ha crecido en una familia de hombres, cuatro hermanos, todos profesionales exitosos, el apoyo de unos a otros es a veces opacado por el grado de competencia que genera su padre en ellos, siempre uno es el favorito y otro es el despreciado. Esto ha generado en mi amigo un instinto de supervivencia, que hace que ataque incluso aquellos que no lo vemos como competencia. El punto es que es mi amigo  pero es un sobrado, siempre está en lo correcto y su mecanismo más irritante para sobresalir, es burlar a los demás, burlarme a mí.

Por algún miedo interior, miedo de desaprobación, nunca le he dicho a mi amigo sobre mi diversidad sexual, él no tiene idea de que he mantenido relaciones con chicas y ni se lo imagina, su godismo no le deja pensar que su amiga – princesa, pueda compartir la cama con otra mujer.

Hace pocos días, estuvimos reunidos,  en un momento de disertación surge la siguiente conversación:

Amelita: Yo creo que Uruguay debe ser un buen vividero. La marihuana es legal y lo es también el matrimonio homosexual

Amigo: ¿Pero a nosotros que nos importa el matrimonio homosexual? A nosotros no nos importa eso, no debería ser un factor relevante para preferir vivir en otro país.

Amelita: (silencio y decepción)

Algo que no soporto es el importaculismo, creo que de lo peor que le puede pasar a la democracia son los abstencionistas, y que mi amigo al que adoro con todo, me diga que a nosotros no nos importan los derechos de otras personas simplemente porque no compartimos su diversidad o sus gustos, me jode hasta la médula. ¿Acaso estamos solos en el mundo y solo nos deberíamos preocupar por nosotros mismos?,  ¿Acaso por el hecho de ser una minoría debemos batallar solos?, ¿Qué pasa con esas luchas legitimas de esas comunidades segregadas entonces?.

¿Porque no soy negra no me deben importar los negros?,¿Porque no soy prostituta no me deben importar sus derechos? ¿Por qué no soy homosexual no debo pelear por un mundo donde prime la igualdad y la tolerancia? Si el mundo se comporta de esta forma entonces me considero negra, prostituta y homosexual.


Amigo te quiero, pero esta vez me has herido, tal vez sin saberlo y seguramente sin quererlo, pero creo que es hora de que me levante y te estruje y te diga que no estás solo en este mundo, la sociedad la conforman y la enriquecen personas diferentes a ti que no son lo que tú eres pero que eso las hace igual de hermosas. Si estás leyendo esto espero que  aceptes que la vida no es solo tuya que hay seres a tu alrededor con particularidades, encantadoramente valiosos que aunque no compartan  tus visiones, creencias o rasgos seguramente te aceptan y te quieren a ti tal como eres.

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